El consumo de carne en el mercado local atraviesa un momento de incertidumbre

El avance que consolidó la cadena de ganados y carnes en relación a combatir la informalidad se encuentra ante un escollo difícil de sortear, como es la regularización de las carnicerías. El efecto virtuoso de estas medidas se extendió hasta el matarife, pero a partir de ese punto no se puede avanzar, por el marcado desinterés que la autoridad fiscal de la provincia de Buenos Aires evidencia sobre nuestra actividad.

Desde hace más de dos años, y en un sólido trabajo conjunto con la Dirección Nacional de Control Comercial
Agropecuario, dependiente del Ministerio de Agricultura y la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), se logró que cada matarife empiece a trabajar con su propia matrícula y anticipamos impuestos a la faena, entre otras acciones. Pero tal como planteamos en el editorial de octubre, nada cambió y la   informalidad gana espacios.

Desde nuestra cámara presentamos oportunamente al ente recaudador de Buenos Aires (ARBA), a AFIP y a la
Subsecretaría de Ganadería un análisis detallado para implementar un “VEP Carnicero”, que permitiría regularizar la actividad en las más de 60.000 carnicerías que existen en el ámbito bonaerense. Pero en este punto, además de no prestarnos atención remarcaron que es casi imposible de aplicar.

La entidad presentó, oportunamente ante (ARBA), a AFIP y a la Subsecretaría de Ganadería un análisis detallado para implementar un “VEP Carnicero”  

Si bien esta herramienta no reviste un carácter definitivo, puede ser un primer paso para abordar esta problemática y conformar mesas de trabajo para implementar una estrategia. En un contexto en donde la trazabilidad de los alimentos aparece en el horizonte, debemos apuntar a la  inscripción de las carnicerías, tanto por una cuestión sanitaria, como para preservar la salud de los consumidores.

Con respecto al negocio, vemos con preocupación que el incremento en las cotizaciones de las categorías destinadas a la exportación, hace que las mismas ocupen un lugar en parte de la hacienda de consumo.

En estos días, se hizo por demás evidente que estamos frente a una disparidad muy grande, en donde  debemos competir frente a los frigoríficos exportadores por el mismo producto y en este sentido pujan con fuerza por renglones como vaquillonas pesadas, novillitos y novillos, situación que representa un impacto negativo para el precio de venta al público y un golpe al bolsillo a la hora de poner la carne en la mesa de todos los argentinos.

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