LOS HIELOS CONTINENTALES SON PREMISA PARA CONSERVAR LA VIDA HUMANA EN EL PLANETA

Recientemente hablamos en este medio de los ecosistemas polares y como esas bajas temperaturas condicionan la fauna y la flora. Estas bajas temperaturas, sin embargo, tienen efectos que no siempre son tan conocidos pero que son vitales para el planeta. Es el caso del permafrost.

El permafrost es una capa de suelo helado que puede encontrarse a profundidades que varían desde unos pocos centímetros hasta varios metros de espesor y que almacena grandes cantidades de carbono. El calentamiento global hace que estos suelos se fundan y provoca la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero que, hasta el momento, habían permanecido almacenados en su interior.

Hoy, te invitamos a adentrarte en el subsuelo para descubrir más sobre este gran y valioso desconocido.

¿Qué es el permafrost?

El permafrost es una capa de suelo que ha permanecido congelada durante, al menos, dos años consecutivos. Aunque esta característica es común a todos los permafrost, otras como la profundidad a la que se encuentran o su espesor, varían.

Si hablamos de espesor, por ejemplo, nos encontramos rangos que van desde los 5 cm hasta más de 1 km. Así, existen zonas del permafrost siberiano, situadas al norte de Rusia, con un grosor aproximado de 1,5 km o los 440 metros de espesor del que se encuentra bajo los suelos Barrow (Alaska).

La capa de suelo que se encuentra por encima del permafrost, se conoce como “capa activa” y puede llegar a descongelarse durante algunas épocas del año, permitiendo que crezca vida aunque las capas inferiores estén congeladas. Esta capa activa puede tener desde unos pocos centímetros hasta 4 metros de espesor.

Para que el suelo se congele es necesario que las temperaturas sean extremadamente bajas, por eso este tipo de suelos solo se encuentran en las regiones más frías del planeta, mayoritariamente en la zona del Ártico, aunque también se pueden encontrar capas de suelo congelado en algunas islas del Atlántico Sur.

El permafrost ártico puede verse en Siberia, Canadá, Alaska y en la península Escandinava. Debido a la elevada altitud, alrededor de los 4.500 metros sobre el nivel del mar, también es posible encontrar permafrost en el Tíbet. Se estima que el permafrost cubre un 25% del territorio del hemisferio norte. En el caso de Rusia, este porcentaje aumenta hasta el 63% de su territorio.

¿Qué clase de vegetación encontramos en las zonas de permafrost?

Esta capa activa del permafrost permite que haya especies vegetales que crezcan sobre ella. Es lo que se conoce como tundra: un terreno llano, característico de climas muy fríos, en el que no existen árboles y donde únicamente se desarrollan musgos, líquenes y hierbas perennes. Este tipo de paisaje se extiende por el norte de la región siberiana y de Alaska, donde la estación de crecimiento vegetal es extremadamente corta, entre 6 y 10 semanas.

Si nos adentramos un poco más al sur, el paisaje cambia y empezamos a ver algunos árboles, en general coníferas, con menos de 10 metros de altura que crecen sobre el permafrost. Nos estamos adentrando en la taiga, bosques de coníferas, alerces, abetos o pinos que aumentan de tamaño  según nos alejemos del Ártico.

Una curiosidad de la taiga son los “bosques borrachos”. Estos bosques se forman como consecuencia de la descongelación del permafrost. Al fundirse el agua congelada, el terreno pierde estabilidad haciendo que los árboles se inclinen hacia los lados.

El cambio climático y las consecuencias sobre el permafrost

El aumento de la temperatura media del planeta está afectando también al permafrost del Ártico. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) indica que las temperaturas de las regiones polares y de alta montaña ha aumentado 0,29 °C entre los años 2007 a 2016, lo que provoca la descongelación del permafrost y la liberación de los gases que contiene. 

El IPCC calcula que el permafrost boreal del Ártico contiene entre 1.460 y 1.600 Gt de carbono orgánico, es decir, casi el doble del carbono presente en la atmósfera. Cuando el permafrost se descongela el carbono almacenado se libera a la atmósfera, en forma de CO2 y CH4 (dióxido de carbono y metano), principalmente. Por esta razón, el rápido deshielo del permafrost resulta un grave peligro para la acción climática y es objeto de numerosos estudios por parte de la comunidad científica.

Esperamos que tras la lectura de este post entiendas mejor las consecuencias que puede traer para la atmósfera el descongelamiento de estos suelos helados que se encuentran principalmente en las zonas árticas.

 

 

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